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Una nueva cultura de salud.

Una nueva cultura de salud.

Desde muy pequeña estuve expuesta a una gran biblioteca de libros relacionados con la salud. Mi padre, médico de profesión y mi madre matrona, hacían de los días más cotidianos una escuela de cuentos, símbolos y vocabulario en torno a la profesión médica. Recuerdo aquella historia que mi padre compartió en una comida familiar; En el equipo de operaciones que él lideraba había un anestesista al que llamaban “El brujo”.

Proveniente de Chiloé, una tierra famosa por sus leyendas de brujería, El Brujo Ulloa tenía un don especial y conseguía resultados asombrosos en cada intervención, por eso y su afán de buscar los mejores métodos para formular sus anestesias, se ganó ese apodo. Formado en una época en la que los materiales y elementos para impartir la anestesia eran casi inexistentes, Antonio Ulloa, alias “El Brujo”, tuvo la brillante idea de fabricarlos él mismo. Con tubos de ensayos, una pequeña caja para sostener el matraz que administraba la anestesia y un maletín de cuero para guardar sus instrumentos.

También llevaba consigo una libreta de notas con las directrices de las fórmulas exactas para inducir a sus pacientes en los brazos de Morfeo. En cada operación, el doctor Antonio Ulloa llegaba con su maletín y su cuaderno de notas, se vestía para pabellón quirúrgico y desplegaba su arte con maestría y precisión, sacando sus implementos poco convencionales. Nadie sabía con exactitud como lo lograba, ni que formulas empleaba, pero el equipo confiaba plenamente en su talento, en su vasta experiencia y en su capacidad para explorar ese fascinante mundo que tanto le apasionaba. Hoy en día, la profesión médica dista mucho de los tiempos en que mi padre la ejercía. Existen protocolos y convenciones estandarizadas, como si todos encajáramos en el mismo molde. Prácticamente ha desaparecido la figura del médico de cabecera, aquel que conocía un poco de todo, y mucho menos personajes como el Brujo Ulloa, quien a través de su propia investigación descubrió métodos innovadores para la anestesia. Sin duda, la especialización a hecho que se pierda poco a poco la de visión integral del organismo y su delicada interconexión. Es fundamental comprender que somos individuos termodinámicos, (fluctuamos con el medio ambiente) y que cada uno obedece a una bioquímica particular.


Sin duda estamos gestando una nueva cultura de la salud, en donde profesionales de diversos campos se atreven a profundizar en la medicina hipocrática, la alimentación funcional, los beneficios del deporte, el sol, el ayuno y las grasas saturadas con notables mejoras en innumerables patologías “ideopáticas”. Ha llegado el momento de actualizar y reevaluar lo que consideramos saludable, porque para hacer un cambio real, no podemos seguir aferrándonos a los mismos parámetros de hace 60 años. Esta actualización debe considerar el entorno ambiental, emocional y metabólico de cada paciente para comprender verdaderamente lo que ocurre en su organismo. La medicina del futuro requiere de profesionales del futuro, capacitados para integrar en sus diagnósticos la toxicidad ambiental, los efectos emocionales y el estado energético de nuestras células.

La nueva cultura de la salud se enfoca en comprender al ser humano en su totalidad, es un camino que nos invita a redefinir nuestro estilos de vida. Al incorporar nuevos conocimientos se abrirán las puertas hacia una salud más integral personalizada y verdaderamente preventiva, repercutiendo en una vida longeva y libre de enfermedades, en donde el bienestar sea un reflejo de la armonía entre el cuerpo, la mente y el entorno. 

Mónica Iglesias

Consejera H100B