Seguramente has notado que tus estados emocionales se reflejan fuertemente en tu postura, en las expresiones de tu rostro y también en sensaciones físicas.
Cuando estamos tristes el cuerpo habla por sí solo, la postura se encorva, tus hombros se van hacia a delante como intentando proteger tu pecho, tu rostro se cae y en la sensación física sientes letargo, opresión y desánimo.
Un gran neurocientífico Antonio Damasio, solía acuñar una frase que dice: “Nuestro cuerpo sabe lo que nuestra mente aún no se ha dado cuenta” Esto quiere decir que las sensaciones físicas y nuestra postura tienen incidencia en nuestro cerebro y logró poner en evidencia que nuestras sensaciones corporales pueden influir en nuestra toma de decisiones (Damasio, 1996). Lo que se traduce en que mientras más logremos hacernos conscientes de las sensaciones que nos brinda nuestro cuerpo, mayor será nuestra capacidad de regular nuestras emociones y por ende también tomaremos mejores decisiones en la vida. (Craig, 2009)
Si ponemos nuestra atención en mejorar nuestra postura corporal, no solamente lograremos observar beneficios en nuestra musculatura y evitar los típicos dolores, inflamaciones o desgastes que pueden manifestarse tras pasar un largo tiempo de esta manera. Sino que te darás cuenta, que una buena postura también incide de manera positiva en nuestra mente y emociones.
Investigaciones que se hicieron en Alemania descubrieron que el número de palabras negativas que recordamos es mayor si permanecemos en una postura encorvada o inclinada. A diferencia de que recordamos más palabras con una connotación positiva cuando tenemos una postura erguida. (Nazareth Castellanos), (Michalak et al, 2014).
De esta manera podemos comenzar a evidenciar, como la postura que sostenemos en el día a día puede tener una importante incidencia en nuestra mente, en nuestra toma de decisiones y también en nuestros estados emocionales.
Es importante destacar que nuestro estado emocional tiene una flecha bidireccional. Lo que ocurre internamente con las emociones que generamos, se manifiesta en nuestras sensaciones físicas y posturales. Así como la toma de consciencia de las sensaciones físicas y una mejora en la postura corporal, pueden incidir positivamente en nuestro ánimo, en gestionar de mejor forma nuestras emociones y además fomentar beneficios a nivel endocrino, mejorando la producción de testosterona y cortisol. (Carney et al, 2010)
Poder usar el cuerpo y su movimiento como una herramienta clave de autodescubrimiento y de beneficio en el proceso de sanación de estados emocionales depresivos, es la llave maestra para la gestión del bienestar.
Una simple sonrisa es la manifestación natural de la alegría. Si el ánimo no te acompaña, mantener una sonrisa en el rostro durante algunos minutos y una postura erguida, hará que tu cerebro busque la coherencia entre la manifestación física y el estado de ánimo. Así generará la química interna necesaria para alinear lo que piensas, con lo que sientes y con lo que haces.
Kira Hubermann
Consejera H100B